Letras

"Todo mañana es la pizarra donde te invento y dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa." Cortázar.

"Schopehnauer escribió que la vida y los sueños eran hojas de un mismo libro, y que leerlas en orden es vivir, hojearlas, soñar." Borges.

"La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio". Cicerón

"La libertad está en ser dueños de la propia vida". Platón.

"Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer." Paulo Coelho

"En las adversidades sale a la luz la virtud." Aristóteles

"Lo que crece como resultado de la rudeza de los ignorantes no tiene efectos a no ser por casualidad". Umberto Eco

domingo, 12 de abril de 2015

Galeano - Frases (El libro de los abrazos)

“Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

“Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo…” “Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más que un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
- Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima – dijo.
¿Y anda bien? – le pregunté.
- Atrasa un poco – reconoció."


 “Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. El reglamento establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda.
Noueched era manco.”
 
“El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar; a muchos condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir.

“Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De nuestros miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.
     Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.

“Michael Taussig ha estudiado la cultura del terror que la civilización capitalista aplicaba en la selva amazónica a principios del siglo veinte. La tortura no era un método para arrancar información, sino una ceremonia de confirmación del poder. En un largo y solemne ritual, a los indios rebeldes les cortaban la lengua y después los torturaba para obligarlos a hablar.”

“Y nada tenía de malo, y nada tenía de raro, que se me hubiera roto el corazón de tanto usarlo.” (haciendo referencia a un infarto que sufrió estando en Barcelona).

“- ¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?-
Y contestaron los que lloraban – Para que sepa que la queremos mucho

“También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí.”

“Mientras ocurría, esa alegría estaba siendo ya recordada por la memoria y soñada por el sueño. Ella no iba a terminarse nunca, y nosotros tampoco, porque somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso, y eso lo sabe cualquiera, por poco que sepa.



viernes, 3 de abril de 2015

Aria para la cuerda de sol

     El hombre se quedó perplejo ante tamaña declaración de amor. Se hundió en el sillón, con la medida de whisky a su lado. Dudó, pero estaba seguro de la bebida y del admirable paisaje de su ventana. El cigarrillo lejos, prefería no levantarse. Dos hielos peleando con la atmósfera. La audacia, el desasosiego absurdo y la mitad de su vida encerrado, en caminos “extralarge”, sin una curva que lo haga más simple para el aburrimiento. Bebió y respiró, así funcionaba su alma. Sonaba música del vecino, ese amarillista soviético, ignorante del buen gusto y la mazonería. La noche se caía y nadie la atajaba, se creía reina, entre tantas estrellas. Y en el susurro, el umbral se cerró. La canción sonaba más fuerte, en su conciencia, gritando. El hombre no la quería escuchar, lo conduciría a lo absurdo de nuevo, y para eso, mejor ningún remedio, es mejor lo vivido que lo que está por venir, cualquier cosa es mejor antes que apostar por alguien, según él.
     No se animaba a volver, el animarse a algo lo aterraba. El miedo genera eso, paraliza, es un arma útil en la confrontación. Sin embargo, una parte de él le decía que vuelva, que el amor le iba a salvar la vida, que la angustia desaparecería sin que se diera cuenta. Segunda medida de whisky, la botella pegada al sillón, como dicen los libros. Sonaba su radio, el informativo de las siete, anunciaba nieve. Hacía frío, mucho frío en Buenos Aires. Se cansó de la monotonía. Pensó en salir, pero, no sabía a donde. Y ahí se dio cuenta que lo que menos importa es a donde ir, sino ir. Es como querer y hacer, uno vale más que el otro.
     Le costó levantarse porque antes de ponerse de pie, el whisky había llegado a su cabeza. Fue un proceso eterno ponerse un sweater, la campera, la bufanda. Se puso a buscar un gorro mientras la radio pasaba música clásica. Cerró los ojos para escuchar. “Bach” murmuró, y subió el volumen del viejo aparato. La tele prendida, un periodista debatiendo con el aire mismo. Se maravilló con la pieza. La música clásica le generaba ese placer desconocido para el que no la admira. Que locura querer salir con éste frío. “No puedo dejar solo a Johann”, pensó, siendo una verdad y una excusa al mismo tiempo, la doble función, el doble deseo, la “Doppel Entschuldigung”. Le sobró el momento, fue insuficiente lo que quiso y lo que querrá. Apagó la tele, y dejó que la música entre a su conciencia. Se sintió feliz, aunque conocía que el no hacer, era peor, ya lo había meditado. Sabe que debe aprender a pedir un beso para no dejar de recibir abrazos.


“Air on the G String” o “Aria para la cuerda de sol”. Arreglo musical realizado por el violinista August Wilhelmj, la cual formó parte de la “Suite orquestal nº3 en re mayor, BWV 1068”, compuesta por Johann Sebastian Bach, entre 1725 y 1739 en Leipzig, Alemania.

domingo, 29 de marzo de 2015

Carta de un Retorno

     "Alberto Gómez era un hombre de esos que la gente apoda “mayor”. Era cálido, alegre, sincero, trabajador. Matero por oficio, parecía que hubiese hecho un curso de cebador. Dos nietos, un perro, una mujer (fallecida). Jubilado, vivía en una casa en la parte alejada de “Colerito”, un pueblo apagado, hundido en la ausencia nefasta del domingo en familia y la torta mil hojas. El intendente era, como decía Alberto, “un corrupto auténtico”, bien apodado según él. Y el pueblo pegaba saltos y caídas en ese puente imaginario en el que se encontraba siempre, sin llegar al otro lado, pero sin caer en el precipicio eterno que conduce al monótono consuelo del ideológico nefasto y exclamativo.
     Don Gómez había sido soldado en el Ejército “Gral. Atuel” que participó en la “guerra de los 15 minutos”, librada en un campo de batalla que a los 15 minutos se inundó por las terribles lluvias de ese entonces, debiéndose suspender el enfrentamiento bélico, para luego resolverlo con mates y facturas. “Acá quedó el estigma de que somos cagones, y es así, lo somos”. El pueblo tiene diez manzanas, todas rojas, casas de techos bajos, jardines coloridos, olores surtidos, caballos, gallinas. Da placer caminarlo. Al fondo, el río “Morreli” hace ruido para que no nos olvidemos que está ahí, matando la silenciosa tarde de sábado. Morreli, no Borreli, como decía yo cuando era chico, y Don Gómez me retaba. Como se lo extraña al viejo.
     Al llegar a la plaza principal, los árboles limitan perfecto el límite de ella. Bancos gastados, tierra colorada, un dejavú constante, un retorno a mi infancia y adolescencia, esos sentimientos atípicos, originales, únicos. En el medio, la estatua de Gómez, con su sombrero y el mate al lado. “Aquí se rinde homenaje al único sobreviviente de la Guerra de los 15 minutos. Teniente General Alberto Gómez. QEPD. Febrero, 23, 1949”. Debajo, pegado con cinta, bien rústico, un cartel blanco, escrito a mano (buena traza), invitando a “Niños y niñas de 9 años en adelante” a aprender a nadar. Abajo, un teléfono, y más abajo, “Escuela de natación Alberto Gómez”. Ahí recordé lo importante que es saber nadar.
     Me alejé de la plaza con temor, es difícil soltarle la mano al pasado, más si te hizo tan feliz. Pero, era necesario. Crucé la avenida, directo a una especie de “Café”. Al ingresar, previo ruidito agudo de puerta que desconoce lo que es la grasa, soñé despierto, a Gómez vivo, y a mi infancia allí. La mesa estaba limpia, el mozo revisó su bolsillo mientras yo susurraba mi pedido. Que maravilla el olor a memoria. Uno siempre recuerda, la mente vive de lo vivido, le es más fácil que crear. Aunque, las ilusiones son las que nos mantienen vivos. Por eso yo estoy así, por recordar lo que ya no será. Los abuelos, el colegio, los amigos. La vida es una constante sucesión de hechos que van, y no vienen. Es imposible no querer volver para atrás. La torta mil hojas. La plaza. Los caballos. Se te dibuja una sonrisa con solo pensar un poco en lo que viviste de niño."

Gómez, Mateo.

Febrero, 23, 1979.

martes, 24 de marzo de 2015

Esperando

     Muchas veces, al encender el fuego de la mañana, soborné al destino y me quité años con solo saborear el rocío. El campo tiene esa magia de paz y hermosura que a uno le aplaude la sonrisa. Es temprano, siempre es temprano. El diario no llega, hay que ir a buscarlo a la ciudad. Pero hoy es domingo, no tengo ganas de ir hasta allá. No, hoy es martes, es feriado, asique, no te levantes. Ese calor de la cama, la sábana en el cuello, el frío en la punta de los pies. El olor a café, a leche, a tostadas. Nublado. Viento. Falta que en la radio anuncien "no pierda el tiempo, no salga de la cama." Pensás "¿Qué tenía que hacer?", y la respuesta llega sola; nada. Es el orgasmo autónomo e inconsciente, el administrar la felicidad para el resto del día, porque es difícil no querer abrazar a todos después de semejante sesión de spa.
     Un poco de azúcar, aunque podes evitarla. El mate siempre acompaña, es como el perro del ciego, el boleto del colectivo, el abrazo del llanto. Quiero escribir, pero el cerebro, me dice que no. Que me siente y espere, ¿Espere a quién? ¿A qué?. Uno es ansioso por naturaleza, el humano es el único ser que quiere ver una película sabiendo el final para no prestar atención innecesariamente. Eso repercute en nuestras relaciones: todos quieren saber que le pasa al otro. Que piensa. Que siente. ¿Y el suspenso? ¿Todas tienen que ser comedias románticas desde el principio? ¿A quién le atrae una película así? No lloras, no sufrís, eso no es divertido. Bueno, así somos. Criticamos lo que nos gusta. Nunca alcanza.
     Verse al espejo es un abrazo, es un silencio, es un tipo de texto escrito debajo de la estatua de la plaza principal. Es un pueblo todo esto, no hay nadie. Te das vuelta y el vecino te está cantando un tango, sin importarle. Te escuchas a vos mismo solamente en los lugares vacíos, el eco es increíblemente extenso, casi como el texto que no escribí, porque como te dije antes, el cerebro me dice que no escriba, de lo contrario, te hubiese escrito una carta, con un poema robado, que me adjudicaría el título, para que, de una vez por todas, comprendas que el mate es amargo y no dulce, la dulzura quizás seas vos. Demasiado cursi, voy a borrar esto de mi mente, puede que se me escape algún día, y vaya a saber uno qué tipo de catástrofe generaría eso. Mientras tanto, me voy a sentar a esperar, a alguien o algo no se. Siempre es mejor esperar.

lunes, 23 de marzo de 2015

Fragmento de "Manuscrito hallado en un bolsillo"

En el cuento "Manuscrito hallado en un bolsillo", que forma parte de Octaedro, Cortazar relata la visión de la gente al viajar en el metro parisino.

Cito: "...con los ojos perdidos en el hastío de ese interregno en el que todo el mundo parece consultar una zona de visión que no es la circundante, salvo los niños que miran fijo y de lleno en las cosas hasta el día en que les enseñan a situarse también en los intersticios, a mirar sin ver con esa ignorancia civil de toda apariencia vecina, de todo contacto sensible, cada uno instalado en su burbuja, alineado entre paréntesis, cuidando la vigencia del mínimo aire libre entre rodilla y codos ajenos." 

Julio Cortazar. "Octaedro"
25 de noviembre de 1974.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Fragmentos De Un Evangelio Apócrifo. J. L. B.

Fragmentos De Un Evangelio Apócrifo

"Elogio de la Sombra"
1969
J. L. B.

3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona, a los otros y el que se perdona a sí mismo.
9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.
11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
14. Nadie es la sal de la tierra; nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa. 
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.
28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.
30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y del tedio.
31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.
32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.
33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar.
39. La puerta es la que elige, no el hombre.
40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.
41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena.
47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.


domingo, 8 de febrero de 2015

No todos los días

     Siempre pensé cuando sería el momento de dedicarme a enamorarme de vos. Supuse que eras la misma de siempre. Y que tus actos, como considerarme parte del paisaje de un entorno, eran constantes e imposible de cambiar. Pero me aferré al sentimiento, a las ganas idiopáticas de expresar lo que sentía o pensaba o deseaba. Y como no eras amiga mía ni de mis amigos. Ni siquiera, como ya dije, sabías quien era yo. Como no tenía mecanismo  alguno de violentar tu vida,  ya que no iba a declararte esto por facebook. Como no sabía cómo, decidí escribirte una carta. De lapicera y papel. En un sobre, sin perfume, con tu nombre, con remitente, sin estampilla, sin direcciones. Sin vueltas, simplemente, el pensamiento autónomo e incordial en el que expreso sin tapujos mi más sincera reflexión acerca de lo que genera sobre lo más interno de mi el poder verte caminar en la calle, descansar en la plaza, o disfrutar del sol matutino de la playa, aunque el verano sea cada vez más infierno.
     “No todos los días uno tiene el placer de poder enfrentarse con lo mejor que vio y sintió en su vida. No todos los días uno puede, aunque suene ilógico, ser feliz. No todos los días uno se lastima la conciencia sabiendo a trasmano el apellido del peor vendedor de diarios, para conocer cuando te mueves hacia él a reclamar el primero papel de la mañana. No todos los días uno logra caminar una cuadra sin pensar en otra cosa que en tu sonrisa. No todos los días extraño Paris, Barcelona, Mendoza, Haedo o la Capital Federal sin pensar en esos lugares de la mano de tu brazo. No todos los días siento cosquillas sin los nervios, miedo sin el susto, alegría sin la sonrisa. No todos los días cuento las horas para verte y tacho los segundos para extrañarte. No todos los días leo un libro una y dos y tres veces, porque no entiendo su contenido ya que mi cabeza está en tu nariz. No todos los días aplaudo la caminata, el silencio, la llama del sol al final de la calle. No todos los días me subo al colectivo con la esperanza de verte, sino más bien, de que te sientes al lado mío, y me preguntes cualquier estupidez, para, a partir de eso, construir un camino que conduzca directamente a una carta de presentación, para dejar de ser “nada” y ser “algo” en tu vida y, quizás en un futuro, “alguien”. No todos los días me siento a mirar por la ventana a ver si te apareces para declararme un amor ilógico. No todos los días es lunes para mí, siempre es domingo, porque es así como te puedo pensar relajada. No todos los días el tren pasa tan rápido como cuando me paro en el paso a nivel a tu lado. No todos los días compro cigarrillos para ver si necesitas uno. No todos los días voy en bici por la calle para tener la suerte de cruzarte. No todos los días escribo.”